Trabajo individual - Módulo 1

Tutoría en línea para docentes y técnico docentes. Educación Básica. Ciclo escolar 2016 – 2017. (EB_M1_17a)

Mis primeros días de ingreso a la escuela.


La narración comienza en el ciclo escolar 2014 -2015 en una secundaria técnica de la ciudad de Celaya, Gto. Era mi primera oportunidad de estar frente a un grupo de secundaria, había trabajado por muchos años en una escuela particular pero de nivel primaria, así que todo era diferente, y había muchas situaciones de donde aprender. Entre en este centro escolar, con un interinato, porque el maestro había tramitado su jubilación, así que los chicos estaban muy acostumbrados a la forma de trabajo del maestro, pues lo habían tenido por casi los 3 años. El grupo estaba muy dividido, pues había algunos alumnos sobresalientes a los que el maestro tenía en un lugar de privilegio y a todos los demás los clasificaba despectivamente, dejándolos de lado. Así que al comenzar era difícil integrarlos pues ya se habían acostumbrado a una rutina, lugares donde colocarse y que deberían hacer mientras pasaba el tiempo de la clase. Los alumnos no estaban acostumbrados a seguir el programa de secretaría solo usaban lenguajes de programación simple o aplicaciones nuevas que el maestro les compartía.

En muchas ocasiones, me acerque a varios de ellos para preguntar por qué no se integraban a la clase y con base en el diagnóstico, pregunte porque no sabían usar las aplicaciones que habían descrito sus compañeros, a lo que ellos respondían que el maestro los había aislado de la clase pues los consideraba poco capaces para comprender lo que él estaba explicando. Poco a poco me di cuenta que el nivel de los chicos sobresalientes era alto pero tenían sus fallas y no estaban acostumbrados a que se los hicieran notar. Y si eran muy dedicados pero se sentían con poder de discriminar a sus compañeros porque no comprendían los temas, no trabajaban a su nivel o simplemente porque se sentían superiores.

Fue en estas conversaciones que un chico comenzó a platicarme su situación, que él iba a la escuela porque sus padres lo obligaban o lo llevaban pero que en realidad sabía que no era bueno, le platique que en algún momento de mi vida escolar había pensado lo mismo pero que hubo un maestro (asesor) que hizo que me diera cuenta que podía lograr las cosas. Así que decidí tomar ese papel y apoyarlo. Comencé por preguntarle qué materia le gustaba más, si tenía un maestro con el que hubiera platicado de cómo se sentía, si tenía la confianza de platicar con sus padres sobre esto. Casi todas las respuestas fueron negativas. Le pregunté si quería cambiar, si tenía deseos de superarse y cambiar su opinión, me sorprendió diciendo que sí, pero muy desconfiado. Le dije que quería ayudarlo, pero que debería poner de su parte, que en clase debería hacer el esfuerzo por realizar las actividades y que debería decir si tenía dudas, levantar la mano y preguntar.

Aun con todo lo que habíamos platicado, el avance era muy poco, pues sentía que no podía con las otras materias, así que le propuse ayudarle fuera del horario de clase, pues mi horario debía cubrirlo hasta las 2:00 p.m. y los alumnos salían 20 minutos antes. El siguiente paso fue hablar con sus papás, pero era un problema pues trabajaban y vivían al día, así que fue muy difícil que pudieran asistir. Pedí ayuda a trabajo social para que me comunicaran con uno de ellos y fue de manera telefónica como le explique a su mamá que quería apoyarlo y que necesitaba su autorización para que se quedara extraclase, esto me hizo darme cuenta lo solo que estaba también en casa. Ya con la autorización comenzamos las asesorías académicas también tuvimos apoyo de la psicóloga. Con tan solo unos días de buen trato o de elevar su autoestima el cambio fue impresionante, aunque no tenía calificaciones excelentes, pero comenzó a sentirse más confiado en otras clases, se dio cuenta que podía lograr salir adelante.

Las asesorías se fueron haciendo cada vez más espaciadas y sus ganas de superarse cada vez más grades. El tiempo pasó muy rápido llegando el tiempo de presentar su examen para entrar a la preparatoria, lo sentí seguro y decidido. Sus compañeros notaban su cambio y aunque eran escépticos, no solo a él sino a todos les di algunos consejos y les pedí que dieran lo mejor de sí en el examen, y que independientemente de los resultados, si luchaban por lo que querían lograr se podría conseguir.
La confianza que logramos que tuviera pago todo el tiempo invertido, aunque no entro al bachillerato que tenía como primera opción, estaba feliz el día que se publicaron los resultados. Y al finalizar al ciclo escolar, asistió a su ceremonia de clausura y agradeció a algunos de sus maestros por el esfuerzo que habían puesto para que él pudiera salir adelante.


Para mí fue impactante ver que solo necesitaba un poco de apoyo, interés por sus problemas, despertar en él la confianza que necesitaba e incrementar su autoestima, para potencializar sus habilidades. Esta experiencia me dejo como aprendizaje que los alumnos buscan más que un maestro que le transmita un aprendizaje, quiere una persona que los escuche y apoye, que no podemos pedir solo alumnos con calificaciones excelentes, sino que a veces un número no refleja el potencial que pueden desarrollar y muchas veces un siete u ocho para ellos es un 10. Debemos valorar sus habilidades, actitudes y destrezas.

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